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Por: Gisela Rubach Lueters El pasado domingo 3 de mayo dieron inicio 300 campañas en todo el país, cada una con sus diferentes características y contextos, cada una con sus candidatos y sus electores, algunos distritos con una reciente modificación pero cada uno con sus particularidades, cada campaña con sus respectivos equipos que también se ven en los pasillos de San Lázaro con su credencial plenipotenciaria. |
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Actualmente son quinientos los diputados, trescientos se eligen de manera directa y doscientos por la vía de representación plurinominal (más de una ocasión se ha propuesto que el número se reduzca, hoy en día enarbola tal bandera Acción Nacional, reducir el número de diputados a 400, esto es restar la mitad de los plurinominales).
Las 300 campañas se ubican dentro de un marco crítico en nuestra nación, empezando por el corto periodo de las mismas, los mecanismos de transmisión de publicidad, entiéndase spots, así como las recomendaciones del IFE de no realizar actos masivos para prevenir la transmisión del virus de la famosa influenza, al menos al inicio del periodo electoral; todo ello un conjunto que debe encontrar buen cauce gracias a las estrategias diversas que exprese, manifieste y ejecute cada candidato.
Las campañas sin actos masivos deberán intensificar la movilización en las calles, ese reto al que ahora se suma el elemento restrictivo recomendado por las autoridades sanitarias. Imaginemos a brigadistas o activistas con cubrebocas tocando puertas para entregar un tríptico, o a candidatos con guantes de látex para evitar la transmisión de algún virus; un candidato enfermo no representa mucha seguridad ni fortaleza que digamos, y a ello se le suma el problema del tiempo, un candidato en cama más de dos días puede afectar de manera contundente una campaña.
Complicado será que alguna de las fuerzas políticas nacionales alcance la mayoría en la Cámara de Diputados, quizá el PRI por momentos en algunas encuestas se presume puede lograrlo. Lejos están los tiempos de la mayoría absoluta, de allí que ahora las negociaciones tengan un papel fundamental en el debate y que los llamados partidos pequeños en ocasiones jueguen un rol definitorio, los pocos votos que representan pueden hacer la diferencia entre aprobar o no una ley.
Como también complicado resulta hacer que la gente vaya a votar, puesto que la motivación por lo regular se ubica en sentido contrario. Esto es, votan contra una opción que no les satisfizo, mas no (aunque no faltan los ejemplos que afortunadamente rompen la regla) por una que les agrade o complete su cuadro de necesidades, ilusiones y esperanzas.
Este periodo electoral adquiere un significado aún más importante si consideramos que el grupo que resulte ganador será quien esté en el cargo cuando se inicie la carrera por la Presidencia de la República, ya desde allí se delinean los protagonistas que habremos de ver en el 2012. Por eso no será de extrañar que pese a tanta recomendación y a la modificación de las leyes y reglamentos electorales, este proceso pueda generar en una polarización social.
Y es que el poder llama. Alcanzar una curul representa más que el salario, la identificación y los viajes al extranjero, significa para muchos el escaparate para alcanzar un escalafón más alto en la nomenclatura estatal. Esta campaña, para más de uno, significa el inicio de una que culmine en una gubernatura, por ejemplo. Por ello debemos estar conscientes de que si bien la intención en toda campaña es ganar el voto, no podemos perder de vista los riesgos de una fragmentación ciudadana generada por las acusaciones, el escándalo y las campañas negras —que sin duda se presentarán porque ganar es una obsesión.
Los futuros inquilinos de San Lázaro, quienes conformen la legislatura LXI, serán protagonistas de primer nivel, competirán en los medios con gobernantes y gobiernos, serán una voz escuchada y sus opiniones generarán polémicas, pero antes tendrán que convencer a los electores de ir a votar, responsabilidad compartida con el IFE, el cual para llegar más a su auditorio ha echado mano de una publicidad llamativa por decir lo menos, que se sube en el ring de los impactos, que iguala e incluso rebasa la de los propios partidos políticos.
Por ejemplo, tenemos una pieza del IFE donde un personaje se refiere a otro con el ya legitimado término güey. Interesante resulta que una institución que busca respeto y disciplina, tanto para ella como para los participantes, recurra a esta expresión. Si bien su uso es por demás común, llama la atención que sea empleada por el árbitro de la contienda que supuestamente busca la dignidad y la altura de un proceso electoral y que su fin es la mejor convivencia. ¿Qué nos queda si el IFE llama güey a quien es y será la estrella del proceso electoral: el elector?
Esto es el resultado de una adecuación del mensaje a los nuevos tiempos y nuevos electores, ese grupo de jóvenes que hacen la diferencia porcentual en el momento de las cuentas finales, ese segmento que incrementa el abstencionismo cuando así lo decide (hay un caso que también llama la atención en el Instituto Electoral del Estado de Morelos, que tiene un spot donde un personaje le dice a otro que no tiene caso votar, pues ya se sabe quién saldrá triunfador, a lo que le responde: “no mames”). Si su intención es llamar la atención, lo ha conseguido, si por otro lado es promover el voto y una participación mayor, no lo sabemos del todo. Las dudas se despejarán con el resultado final el día de la elección y el porcentaje de participación que haya habido.
Cabe recodar que el éxito del marketing político no se basa en un jingle pegajoso, en un spot o en un discurso, sino que es un conjunto de elementos que deben llevar el mismo sello y que delinean la estrategia asignada, la planeación determinada y los tiempos calculados. Donde además, no sólo están esos 300 campos de batalla, sino otros con participantes de perfil nacional, como los presidentes de las fuerzas políticas, los candidatos a diputados por la vía plurinominal, esos que aseguran su trabajo por tres años sin hacer campaña, o haciendo otras a favor de todos los que ahora se andan placeando por varios puntos del país y son generadores de votos en sus huestes (Beatriz Paredes, en el PRI; Josefina Vásquez Mota, en el PAN; o Ana Gabriela Guevara, en el PRD, por poner ejemplos a la mano).
Como podemos ver, este 5 de julio se definirá mucho más que la configuración de la Cámara de Diputados. Este 5 de julio se define en todo el país buena parte de lo que México será en debate y estructura los próximos años y se delineará lo que pueda ocurrir en la siguiente convocatoria presidencial.
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