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Por: Gisela Rubach Lueters Hay pocos personajes en la vida política de México que despierten tantas simpatías o rechazos como los que suscita la figura de Andrés Manuel López Obrador. Sin importar el destino de su persona, del movimiento que encabeza o los resultados que el PRD llegue a obtener en las elecciones del próximo 5 de julio, hay ciertas facetas de la estrategia política lopezobradorista que conviene analizar. |
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Andrés Manuel se creyó más fuerte y más grande que el PRD. Pensó que después de la derrota postelectoral podría cabalgar tranquilamente guiando los destinos de su partido hasta volver a ser candidato en el 2012. No necesariamente ha sido así.
Y tan no ha sido así que ahora es el rostro político de otros dos partidos como lo son Convergencia y el Partido del Trabajo, estructuras carentes de figuras per se —como la izquierda misma—. ¿O de qué otra forma podemos entender que sean Jesús Ortega, presidente nacional a tirones, jalones y reconteos del PRD, y una dulce niña (participante ya, incluso en eventos masivos) quienes aparecen en las piezas publicitarias de esta entidad política?
La carencia de figuras de la izquierda en términos mediáticos, así como de una propuesta significativa en términos políticos, ha llevado a que Andrés Manuel López Obrador aparezca en televisión y radio como hace tres años. Y preguntémonos, si en 2006 fue como candidato, en este 2009 en calidad de qué se promociona.
Acaso su figura aparece como… ¿candidato? —tema aparte sería el preguntarle por qué no buscó una diputación, cualquiera de los tres partidos se la hubiera dado, pero con eso entraría al sistema que denigra y al que califica de espurio—, ¿o es como presidente legítimo? —la ley electoral dice que los gobernantes no pueden aparecer en promocionales electorales en tiempos de campañas— ¿o es como ciudadano?, ¿o como líder moral?
¿En calidad de qué aparece en la imagen de partidos políticos que venden su amor electoral a otros públicos diferentes al PRD en ciertas regiones del país? ¿En calidad de qué si uno de sus hombres clave, como lo es Ricardo Monreal, de nueva cuenta está en el ojo del huracán, ahora vestido de petista? ¿En calidad de qué sale a cada instante en los medios de comunicación quien quiso imponer como presidente del PRD a Alejandro Encinas, ahora competidor legítimo por una curul y seguramente un puesto importante en la Cámara Baja?
El PRD es un partido con intereses reales, deseoso de seguir recibiendo los recursos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y la intervención del gobierno federal para resolver sus problemas domésticos. Las estructuras del partido (nacional y estatales) anhelan obtener curules, luchar ayuntamientos y sueñan con alguna gubernatura.
Sin embargo, también es necesario señalar que no todos los perredistas (y habría que preguntarles a los convergentes y a los del trabajo) están dispuestos a seguir a López Obrador en su cruzada en contra de Felipe Calderón y a favor del pueblo bueno —sin dejar de lado las condicionantes económicas que el lopezobradorismo cobra a los representantes populares emanados de esas filas.
Si bien ciertas acciones pueden leerse como actos de desesperación (la toma de Catedral, el enfrentamiento con Televisa, debatir con Slim, tomar la tribuna del Congreso) en realidad configuran una estrategia a largo plazo de la que Obrador ya ha hecho uso en el pasado y que le ha rendido frutos. Porque cuando Obrador pierde, arrebata, se radicaliza, se refugia en su núcleo duro, en los grupos de militantes y sectores más enardecidos y su supervivencia política depende de su fidelidad a las causas, consignas y banderas de los seguidores más radicales. Eso es algo que saben muy bien en Tabasco.
Por eso su comportamiento de enfrentar a todos, pero siempre con un paso más, es el golpeteo que lo mantiene con su gente y en los medios. Las constantes provocaciones de Andrés Manuel a la dirigencia que encabeza Jesús Ortega cumplen un doble propósito, evitan que Ortega se decida a contraatacar y minan la capacidad de la dirigencia nacional para un adecuado desenvolvimiento en 2009. Bajo cualquier escenario, López Obrador sale ganando (vean el toma y daca por el spot donde aparece bajo las siglas del PRD).
Por lo que toca al gobierno federal, la situación no puede estar más enredada. Presionaron al Tribunal Federal Electoral para que fallara a favor de los opositores de López Obrador, pero a la larga esta decisión favorecerá el repunte electoral del PRI y el eventual regreso del mismo López Obrador una vez que los Chuchos tengan que entregar cuentas de lo que hicieron con el partido. Por si fuera poco, Calderón también le apostó al desgaste y paulatino proceso de descomposición del movimiento del tabasqueño, sin considerar que negociar con el PRI tampoco era una opción viable.
Actualmente la pelea de López Obrador no es sólo contra las “instituciones”, sino contra el sistema en su conjunto. No obstante, si llegara a satisfacer sus exigencias la anticlimática moderación, tan cara para las clases medias, volverá al discurso y praxis política del mismo López Obrador. Ya lo ha hecho en el pasado y lo volverá a hacer. Pero si fracasa en el logro de sus objetivos, la izquierda radical tendrá en él a su líder natural.
Es probable incluso que la debacle electoral del PRD en las elecciones de este año esté incluida en el cálculo político de López Obrador. Quizá sea algo que necesite para recuperar el control de ese partido y para volver a ser su candidato presidencial en el 2012.
