Más del Marketing Político
Revista Siempre, febrero 2009.

Por: Gisela Rubach Lueters

Después de la colaboración pasada, recibí varios comentarios telefónicos y por escrito, para hacerme ver que sólo toqué algunos de los muchos puntos que se viven en una campaña, y que presenciaremos en los venideros procesos electorales. En una especie de complemento al texto anterior, quiero comentar otras actividades directamente relacionadas, subrayando que con éstas aún no se da por terminado el cúmulo de detalles que hay que cuidar en un proceso de complejidad significativa.

El debate. Es una de las actividades que más se convoca y menos se lleva a cabo. Por lo regular el debate lo solicita el candidato o candidata que va abajo en las encuestas para tener un careo con el puntero. Además, en México no tenemos la costumbre del debate político, sino que más bien cada candidato expone su visión respecto de algún tema y listo, eso fue todo.

Han habido casos donde incluso los contendientes desconocen lo que es una réplica o una contrarréplica, y por lo mismo escatiman grandes oportunidades de dejar en la audiencia (por lo regular poca, debido a lo tardado de los mismos debates) alguna frase memorable. Lo que sí es cierto es que a partir de ese supuesto debate se genera la nota y viene el “debate sobre el debate” para ver quién ganó o perdió, cuando en el debate quien debería salir ganando es el espectador y potencial votante, pues tendrá más elementos para evaluar las ofertas que habrá de aceptar o desechar.

Los representantes de casillas. Posición clave en muchos sentidos, por ejemplo el psicológico, pues la gente siente que su voto será defendido por el hecho de ver en la casilla a alguien del partido por el cual vota. En este aspecto hay varias historias, sin embargo lo cierto es que la maquinaria debe estar bien aceitada con gente que 1) recibió una capacitación previa 2) que tiene medios de comunicación eficiente 3) que tiene resuelto temas tan simples como alimentación y 4) que cuenta con su pago a tiempo. De lo contrario los opositores pueden vulnerar lo que se pensaba controlado a través de este simple aspecto.

El equipo de campaña. Es el sistema neurálgico del éxito. Su trabajo se nota a cada momento: la logística de los eventos, la capacidad de convocatoria, los utilitarios cuando se requieren, las rutas bien diseñadas, los insumos para los medios, los vehículos, la papelería oficial, los recursos, todo en su conjunto debe trabajar como reloj inglés con exactitud y buena cara, a final de cuentas también son cartas de presentación. Sucede en ocasiones que se prepara a un candidato o candidata para que se vea amable, cercano a la gente y así atraer votos, pero su equipo es malencarado, grosero, déspota, lo cual resta de manera inmediata en las intensiones de quien encabeza la propuesta.

El partido. Va ligado con el anterior pues al parecer al iniciar el periodo electoral hay un equipo de campaña que se olvida del partido, y no debe ser así. El partido debe trabajar todo el tiempo, no sólo en el periodo de elecciones debe tener identificado a su voto duro, debe haber realizado labores de gestión como forma de mantener contacto con su población, saber las zonas donde se deben empeñar más esfuerzos, los sitios clave, los que son totalmente de la oposición. Y debe empujar a sus figuras locales, regionales y nacionales para que impulsen la campaña.

Los focus groups. Anteriormente había señalado a las encuestas como una herramienta valiosa, tal es también el caso del focus group. Del valor y la buena utilización de la información que de él se genere dependerá su éxito, de lo contrario quedará sólo en un grato encuentro entre personas que tal vez no se conocían. Es una técnica recurrente porque se tiene la posibilidad de profundizar en lo que las personas piensan. Un buen canal, un buen moderador o entrevistador, forman parte del éxito en este ejercicio cualitativo.

Los anuncios móviles. Cada vez se encuentran más por la calle los anuncios que van en vehículos varios, sobre todo cuando se lanza un producto comercial. En el caso de la política también son utilizados con los mismos fines. Han mejorado pues además de la imagen ahora llevan sonido para hacerlos más atractivos, casi como si fuera un carnaval. No a toda la gente la convencen pues para los automovilistas resultan a veces estorbosos debido a su paso lento. Hay que medir en qué zonas vale la pena activarlo.

El perifoneo. Se maneja similar a los anuncios móviles, de hecho su historia es más antigua. Esta forma de comunicación es muy efectiva en poblaciones pequeñas, donde lo utilizan empresas para varios fines como anunciar vacantes o similares. Como en muchos aspectos del marketing político lo relevante es hacerlo diferente y atractivo para el público, de lo contrario resultará contraproducente.

Las pantallas. La televisión es la más común, pero pensemos en el cine, en el teléfono celular, en los cajeros automáticos, en el aeropuerto o centrales de autobuses, en las pantallas que hay en los estadios y en las calles, en todo aquello que Kevin Roberts llama SISOMO, por la relación que debe haber entre sight, sound, and motion (vista, sonido y movimiento). Cualquier cosa que entra por los ojos se queda en el  inconsciente de manera efectiva.

La oposición. Pensamos que estamos solos y no es así. Hay que investigar lo que están haciendo en la casa de enfrente, saber sus propuestas, qué hacen bien para estar mejor que nosotros y cuáles son sus puntos débiles, para atacarlos allí. La vulnerabilidad del oponente puede ser también la propia, aprender de los errores es crucial. Explotar las ventajas es importante, máxime en tiempos donde contra reloj hay que hacer campaña y cualquier error es costoso.

Las autoridades electorales. Institutos y Tribunales Electorales se han convertido en actores fundamentales del proceso, incluso algunas elecciones se han decidido en la instancia última debido a lo cerrado de la competencia. Los consejeros se han convertido en actores políticos de primer nivel, las declaraciones de los presidentes de los institutos son notas principales en todo proceso (incluso su composición,  recordemos el caso del Instituto Electoral del Distrito Federal).

Los electores. Son las estrellas del proceso. La parte fundamental de toda carrera electoral y quienes deciden la elección -a quien lamentablemente muchos partidos olvidan o relegan al final pensando que la estrella es el candidato o la candidata-. Además son el elemento que anima las campañas, los que salen a las calles, los que llenan las plazas, los que aguantan horas bajo el sol esperando que la propuesta política llegue cerca de su casa (a veces lejos y teniendo que desplazarse) y esperando que se les diga algo que los aliente a salir a votar el día de la elección.

Sobre la marcha de cualquier campaña surgen más elementos: discursos, spots, trípticos, colores, uniformes, botargas y una larga lista de puntos que le dan vida a ese proceso que no tarda en apropiarse de nuestro país y, que de facto, ya inició con el Estado de México.