El PAN perderá Tlaxcala
por: Gisela Rubach Lueters y Rafael G. Vargas Pasaye.

Hace seis años, el PRI eligió como candidato a gobernador de Tlaxcala a Mariano González Zarur, dejando de lado las aspiraciones del entonces alcalde de la capital, Héctor Israel Ortiz Ortiz, quien con la estructura que ha construido durante sus diversas posiciones, decidió emigrar a otro instituto político que lo abanderara en sus aspiraciones; el PAN le abrió la puerta, aunque antes se había registrado como candidato por el Partido Centro Democrático de Tlaxcala, y a la coalición se sumó el Partido Justicia Social y de facto el Partido del Trabajo, formando la Alianza Ciudadana por Tlaxcala. La competencia fue muy cerrada, pero Ortiz logró la victoria.

En febrero pasado, el Comité Ejecutivo Nacional del PAN emitió la convocatoria para elegir a su candidato a la gubernatura del mismo estado de Tlaxcala,

el cual sería elegido el 28 de marzo mediante un proceso de elección interna donde participarían miembros activos y,por primera vez, miembros adherentes. De los primeros son 3 mil 800, mientras que de los segundos se llegó a hablar de cerca de 12 mil en números cerrados. Lo cierto es que el universo era muy pequeño y complicados de hallar, pues ya algunos habían cambiado de domicilio, de partido o estaban muertos.
Sin embargo, había una cláusula en esa convocatoria que desde su publicación incomodó a más de uno, en ella se estipulaba que en dado caso de ir Acción Nacional en coalición con una o más fuerzas políticas, el mismo CEN podría designar a su abanderada, el femenino es porque en el registro sólo fueron aprobadas dos opciones: Adriana Dávila Fernández y Perla López Loyo (la tercera, también diputada federal Oralia López, no pasó el filtro del registro).

La primera, plenamente identificada con el calderonismo, sobre todo por la amistad con la hermana del mandatario y por su antiguo trabajo como secretaria de Vinculación del PAN, en su currículum también sobresale haber sido en la legislatura pasada diputada plurinominal; mientras que la segunda es orticista y ha acompañado en diversas posiciones al gobernador Ortiz, como responsable del Programa Oportunidades y como oficial mayor; actualmente es diputada federal por mayoría.

La precampaña tuvo sus momentos de lucidez, aunque ciertas acusaciones no faltaron, algo en Internet y movilizaciones en los sesenta municipios, sobre todo con los comités, que buscaban el voto azul para hacerse de la candidatura. Los lemas eran “Lucha por Tlaxcala” de parte de Dávila y “Juntos transformamos Tlaxcala” de parte de López Loyo.

El proceso interno y la elección directa hubiera, sin duda, fortalecido al partido y legitimado a la candidata; sin embargo, en los plazos legales el PAN registró la coalición para gobernador con el Partido Nueva Alianza y con el Partido Alianza Ciudadana, este último plenamente identificado con el gobernador. En la coalición original estaba también presente el Partido Verde Ecologista de México; sin embargo, ya no plasmó su firma y al final se registró en coalición con el PRI.

Pareciera que Acción Nacional quería a cualquier costo hacer una alianza para designar a su candidata desde el CEN, ello porque la negociación con el Panal resultó demasiado generosa o simula responder a factores que rebasan el espacio tlaxcalteca (incluso el presidente en funciones del PAN Tlaxcala, Benjamín Avila, fue a Tijuana a recoger el documento con la firma del presidente del Panal, Jorge Kahwagi, porque había que consultarlo con la maestra Elba Esther Gordillo); actualmente Panal tiene un diputado plurinominal, y en la negociación le fueron cedidos cuatro candidaturas a diputaciones locales, más el número 3 y el 6 en la plurinominal, sin dejar de lado el 9.5% de la votación total; aún falta la negociación por las alcaldías.
Mientras que el Partido Alianza Ciudadana sólo fue en la coalición para gobernador, y todo hace suponer que se presentará de manera independiente para las diputaciones locales y alcaldías. Cabe señalar que el presidente de ese instituto político, Luis Girón, hizo público su apoyo a la precandidata Perla López Loyo, sumando así hechos a los rumores de todo tipo, encuestas incluidas que cada bando enarbolaba a su favor.
La elección como ya se dijo sería el domingo 28 de marzo, pero el jueves 25 de marzo la precandidata López Loyo se presentó en el CEN del PAN para saber de primera mano, ante tanta ola de rumor, si era cierto que sería designación la decisión de Acción Nacional, y obviamente la favorecida sería Adriana Dávila. Fue César Nava, presidente del partido a nivel nacional, quien le dio la noticia antes de que entrara a sesión del Consejo: designación a favor de Dávila.

No había más que decir, el PAN había cancelado su proceso interno tanto para candidata a gobernadora como para diputados locales y alcaldes, apostaba a alguien que representa lealtad al presidente Calderón, quien de paso cobró la factura al gobernador Héctor Ortiz, pues éste apoyó a Santiago Creel en la interna del PAN para candidato a Presidente de la República cinco años atrás. Sin embargo, la decisión del dedazo presidencial fue mala por todos los costados de los que se mire.

Primero porque queda la sensación de dedazo azul en el proceso de Tlaxcala, la candidata Adriana Dávila no logra legitimidad, la única elección por la que ha competido obtuvo la derrota para diputada local y sus cimientos tienen fuerza en el Distrito Federal, digamos más certeros en el CEN, que en el estado de Tlaxcala.
Segundo, al Panal le favorecieron porque supo vender cara su firma, el 9.5% del voto total puede que con algo de viento favorable rebase incluso al mismo PAN, quien pasaría de ser actualmente la primera fuerza a la tercera o cuarta. Por mucho que aparezca el gobernador Ortiz en medios de comunicación diciendo que apoyará a Adriana, es complicado que las redes que él maneja operen en el sentido de tal instrucción, y cómo lo harían si Dávila se pasó todo el sexenio criticando al gobernador, golpeando con argumentos de todo tipo.
Nunca entendieron ni Dávila ni el CEN azul que el PAN no tiene la fuerza en Tlaxcala que ellos creen, quién sabe qué información le proporcionaron a César Nava para tomar tales decisiones o qué idea vendió la hoy candidata, pues lo que sí se puede palpar es la fuerza de las redes del gobernador Ortiz, estructura sólida que le llevó al triunfo hace seis años. Y que ahora esas mismas redes no apoyarán tan decididamente esos colores.

Y tercero, quien resultó el gran ganador sin mucho esfuerzo fue Mariano González Zarur, hace seis años candidato derrotado y ahora de nuevo candidato de la alianza PRI-Partido Verde Ecologista de México, quien al ver tan mermado al PAN, y pese a la buena candidata del PRD en la persona de la senadora con licencia, Minerva Hernández (secretaria de Finanzas en la época que gorbernó el PRD en Tlaxcala con Alfonso Sánchez Anaya; sin embargo, la mala imagen del partido es lo que le pesará), tiene el camino menos complicado para obtener la gubernatura que antes se le negó.

La otra ganadora es Beatriz Paredes, pues con el triunfo casi seguro que tiene en su territorio, se posicionará de nueva cuenta como precandidata a la Presidencia de la República. Además el equipo de la vieja guardia priísta de Tlaxcala parece de nueva cuenta aparecer: la misma Paredes Rangel, Sánchez Anaya, Héctor Ortiz y ahora Mariano González, que todo hace indicar simula un pacto de años atrás.
Lamentablemente hay quienes siguen tomando decisiones basándose en el estómago y en el afecto más allá de otros argumentos de mayor peso.
El 4 de julio se verán aciertos o errores.