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Por: Gisela Rubach Lueters En la capital de Perú, dentro de una ronda de preguntas y respuestas perteneciente a la XVI Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), el presidente de México, Felipe Calderón, manifestó su postura y la del gobierno mexicano para no renegociar el Tratado de Libre Comercio que México mantiene con Estados Unidos y Canadá. El tema de renegociar el TLC viene desde periodos presidenciales previos como el de Bill Clinton, y tomó de nueva cuenta eco en las precampañas norteamericanas con declaraciones del entonces precandidato Barack Obama así como de Hillary Clinton, quienes argumentaron la necesidad de renegociar algunos términos del TLC, |
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particularmente los relacionados con los trabajadores: “Me aseguraré de que renegociemos con México y Canadá. Usaré mano firme para lograr acuerdos laborales y ambientales que sean alcanzables”, dijo el entonces senador por Illinois.
Incluso en el sitio web oficial de Barack Obama aún se puede leer en su apartado de economía que tanto el presidente electo como su compañero de fórmula creen que fue sobrevalorado el potencial del TLC para los ciudadanos de Estados Unidos (o sea muchas ventajas en el papel, pero pocas en la realidad).
Como precandidato y candidato a Barack Obama le funcionó muy bien este discurso las veces que lo utilizó. Ahora hay que preguntarnos por qué el presidente electo de Estados Unidos continúa con sus intenciones de renegociar el TLC. Hay algunos puntos a considerar.
Porque habla el lenguaje de los trabajadores. Necesita hacerle ver a sus bases y seguidores, particularmente a la clase asalariada con la que tiene una especial conexión, que con una nueva negociación en los términos del TLC podrían mejorar sus condiciones.
Porque está consciente de su fuerza. Barack Obama fijó su postura con la clase trabajadora y sus sindicatos en varios momentos. Necesitamos, dijo, fortalecer a nuestros sindicatos dejándolos hacer lo que mejor saben hacer: organizar a los trabajadores. “Si los trabajadores quieren agruparse tenemos que permitírselos”, de allí que además de apoyo económico recibiera la valiosa ayuda de la movilización.
Porque en el Senado fue impulsor de la legislación laboral Employee Free Choice Act y se comprometió incluso a hacer una ley al respecto desde la Casa Blanca, siempre con un discurso emotivo: “Los trabajadores son los que han hecho de este país lo que es. Los sindicatos americanos han luchado infinitamente por mejorar los salarios, los beneficios y las condiciones de los trabajadores. América fue construida por sus trabajadores”.
Cierto es que en Estados Unidos hay problemáticas que rebasan en la lista de prioridades la de una renegociación del TLC, por ejemplo, la crisis económica. Sin embargo, la postura de México en voz del presidente Calderón queda clara. Y así lo han hecho ver miembros de la clase política y del servicio exterior mexicano como el embajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhán, quien se opone a una posible renegociación por considerarlo “erróneo”.
Cabe apuntar que los recientes gobiernos de México (Ernesto Zedillo, Vicente Fox y el propio Felipe Calderón) no han querido iniciar proceso de renegociación alguno, pese a las claras violaciones de los norteamericanos a algunas cláusulas del Tratado, en parte porque a casi 15 años de haber entrado en vigor, los sucesivos gobiernos de México (del PRI y el PAN), han considerado que los beneficios obtenidos como país son muy superiores a los problemas que ha generado.
Aunado a ello, la postura negativa puede leerse como normal cuando cabe la posibilidad de que sí se renegocie, pues de esta forma lo que hace el gobierno mexicano es dejar en claro desde el inicio su postura, para así incrementar su valor en un momento dado de negociación. Además sabe que entre las opciones de dejar al TLC como actualmente está y propiciar una renegociación, hay un punto intermedio: la incorporación y firma de “acuerdos paralelos”.
Felipe Calderón llegó a la citada cumbre en Lima, con dos temas: la crisis financiera mundial y el arribo de una nueva administración a Estados Unidos, y esta declaración sobre el TLC fue la nota más llamativa, lo cual generó varios cuestionamientos: ¿qué quiere renegociar el entrante gobierno de Estados Unidos?, ¿qué podemos solicitar nosotros?, ¿qué nos van a pedir?, ¿estamos en condiciones de dar una respuesta positiva a sus solicitudes?, ¿cuánto tiempo va a tardar la renegociación?, y quizá una de las más importantes: ¿de qué manera afectaría una renegociación del TLC la política interna de México?
Sin embargo, al parecer este tema esperará un poco más en el tintero, pues hay elementos coyunturales que deben considerarse, como la postura y participación de Canadá, el periodo electoral en México y, por supuesto, la crisis económica que mantendrá ocupado al primer presidente afroamericano de los Estados Unidos.
El presidente Calderón ve en el entrante mandatario del país vecino el suficiente “sentido común” para que “reconsidere” lo dicho. Barack Obama ahora se rodea de un equipo de moderados, seguramente porque sabe que el resultado de una mala negociación en materia de comercio e inmigración puede resultar en el incremento de migrantes mexicanos que brinquen el río, la barda o lo que les pongan [sic] y que ocuparían los espacios laborales que prometió a sus sindicatos.
El debate sobre la renegociación del TLC se da en el marco de un tema más amplio, ¿qué harán los demócratas con la estrategia de Libre Comercio seguida por los republicanos en los últimos años?, ya que su postura con respecto a la migración es más compleja. Un sector del partido está de acuerdo con los flujos migratorios y su legalización por razones electorales: esos migrantes terminarán en la bolsa de los candidatos demócratas al Congreso y a las gubernaturas.
Además, es necesario subrayar que los sindicatos no están contra los migrantes, sino de las presiones que la mano de obra barata ejerce al momento de entrar en negociaciones para el incremento de salarios.
Por último, no está de más preguntar: ¿serán ciertas las cifras de que el déficit comercial de México en lo que va de este 2008 es mayor a los 11 mil 119 millones de dólares, según información del INEGI?, porque si es así, entonces en qué quedamos, ¿a quién beneficia el TLC y a quién perjudica?, ¿lograrán los sindicatos de trabajadores de Estados Unidos que Barack Obama les cumpla lo que les prometió en campaña?
