Enseñanza de la elección en Chile
Revista SIEMPRE!, enero 2010.

Por: Gisela Rubach Lueters

Parece que fue ayer pero no, ya tiene cuatro años que en la segunda vuelta de las elecciones para la Presidencia de Chile los resultados arrojaron las siguientes cifras: Michelle Bachelet 53.49 por ciento y Sebastián Piñera 46.50 por ciento.

En ese momento el abanderado de la Alianza identificado con la derecha dijo “la lucha no ha terminado”, y el pasado domingo 17 de enero de 2010 cumplió su vaticinio. También en una segunda vuelta cerrada como se previó, alcanzó 51.87 por ciento de los votos, quedando por encima de su competidor, Eduardo Frei, con 48.12 por ciento, de la misma Concertación que lo encumbró presidente hace tres lustros.

En el caso de la primera presidenta de Chile (en la primera vuelta no fue la única candidata, también se presentó Soledad Alvear) fueron en su mayoría jóvenes menores de 30 años combinados con un 40 por ciento de abstenciones lo que le ayudaron a obtener el triunfo. Y ahora, en el caso de Sebastián Piñera parece que la fórmula radicó en mayor medida en acercarse a los pobres y clase media.

Piñera es dueño de la televisora Chilevisión, accionista mayoritario de la aerolínea Lan Chile y dueño del equipo de futbol Colo Colo. Algunos medios le han dicho el Berlusconi chileno, en clara alusión al primer ministro de Italia que controla medios, espectáculo y ahora la política también. Mucho se ha dicho de los años que pasaron para que llegara de nueva cuenta la derecha al poder, pero hay que entender este fenómeno a partir de tres puntos sustanciales: el candidato, el factor Ominami y la popularidad de la presidenta.

Sebastián Piñera empezó a construir su victoria desde hace tiempo, primero con el Partido Renovación Nacional para de allí darle forma a la Unión Demócrata Independiente bajo el nombre de “Coalición por el Cambio”, curioso que se buscara un cambio cuando Bachelet en la elección pasada también lo abanderaba.
La fortuna del candidato ganador está valuada en 1 mil 200 millones de dólares, tiene 60 años, es economista formado en la Universidad de Harvard, y es apodado la locomotora (como el corredor checo Emil Zatopek ganador de los 5 mil, 10 mil metros y el maratón en su época). Sabedor de lo que fue la derrota, tuvo el tiempo para calibrar el peso justo del aprendizaje y ahora sacarle el mejor provecho.

Su objetivo era claro: llegar a la clase media y a los pobres. De apariencia fría como empresario, enfundado en la casaca de candidato tuvo que dar el cambio para hacerse cálido, humano, dejar el yate por la balsa, los trajes de marca por la vestimenta sencilla, llegó incluso a decir: “Me cuesta expresar mis sentimientos pero la campaña me ha hecho más cercano”. Eso es un candidato que entiende su papel.

Uno de sus bastiones fue Internet, en cuyas redes sociales operaba buena parte de la información y de la convocatoria, con más de 23 mil seguidores en twitter, y más de 100 mil en Facebook, logrando un contacto permanente con la gente, sin olvidar el sitio web en constante actualización.

Por otro lado, durante toda la campaña participó un actor importante: Marco Enríquez-Ominami, con una imagen fresca y joven en comparación con sus competidores, quien logró hacerse de 20.16 por ciento de los votos en la primera vuelta, dividiendo el voto del centro y de la izquierda, fragmentando así a la Concertación.
Durante el periodo previo a la segunda vuelta se habló mucho de su posible apoyo a la causa de Eduardo Frei, sin embargo, éste nunca vino de forma decidida, aunque tres días antes de la votación salió a medios para sumar a la causa gubernamental. De cualquier forma el factor Ominami no fue suficiente y Frei quedó segundo.

El otro punto a subrayar es la popularidad de la presidenta Michelle Bachelet, ubicado arriba del 80 por ciento, sin embargo ese alto porcentaje no se reflejó en los votos a favor de su fuerza partidista. El elector la quiere a ella, la valora, cree que ha realizado un buen trabajo, pero ahora el voto tuvo inclinación a la derecha.
Pese a las acciones realizadas por la presidenta a favor de la causa de Eduardo Frei, el elegido por los chilenos fue Sebastián Piñera, y este resultado genera algunas cuestiones: ¿Quiere decir que el cambio sigue de moda, que la gente decide elegir otra opción política para gobernarla pese a que con la que cuenta la califica de manera elevada? ¿Estando aparentemente contentos con su gobierno por qué los votantes deciden probar otras opciones?

Aquí en México tomamos nota y digerimos el aprendizaje para los procesos por venir. Porque como ya se observó en Chile, el hecho de que un mandatario sea bien calificado no entraña en automático un triunfo del partido en el gobierno. Esta es la gran enseñanza que nos brinda la elección chilena. Aunque cabe la pregunta: ¿acaso viene de nuevo la derecha, y esta vez entra por un costado del cono sur del continente?