Política y territorio
Hechos y palabras.

Dr. Echaide

Por: Enrique Echaide García

La suma del 2008, en las elecciones del 2009, hará que  el escenario se presente con muchos bemoles  producto de factores internos y externos que le darán al PRI el triunfo en medio de los mayores índices de abstencionismo.

Internamente, el país se encuentra en una crisis institucional. El proceso que  iniciara Calles a la muerte de Obregón – de la mano del surgimiento del PNR en 1928, el fin de los caudillos y el inicio de la época de las instituciones consolidada en 1940 con el fin del cardenismo- está vivo solamente a los ojos de la oligarquía. El pueblo sabe que ninguna institución es confiable.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación se convierte en una vergüenza que traspasó las fronteras a raíz del tema Lidia Cacho. Por su parte, el Instituto Federal Electoral, de haber logrado la democracia más cara del mundo con los resultados fraudulentos del 2006, cada vez más en evidencia, tendrá que legitimar sus procesos con la presencia del ejército. Así mismo, el Presidente Calderón ha propiciado con su soberbia e incapacidad un enorme vacío de poder que a dos años de su mandato deja vislumbrar la elección federal del 2012.

La fuerza sindical, por su parte, le seguirá apostando  al mejor candidato, con los nuevos Fideles Velásquez que han acaparado este importante coto de poder por  lo visto intocable, tanto para  la Suprema Corte de Justicia de la Nación como para todo el ámbito legislativo.

La Iglesia Católica ha dejado de tener la autoridad moral de siempre a causa del seguimiento de las ideas retrógradas de Juan Pablo II, que permitieron la llegada de nuevas iglesias, y los jerarcas católicos se han evidenciado como corruptos y pederastas. Los medios masivos, por su parte, siguen siendo escuchados pero por oídos sordos que ya se cansaron de los mismos términos para señalar a los “cocos”. La calle ha vuelto a ser tomada por  nuevas tribus que se autolegitiman constantemente con líderes naturales a través de formas alternativas.

Los partidos políticos se entronizarán en poco tiempo en zonas específicas del país: el sureste para el PRI, demostrando que la pobreza vota, compartiendo este mismo espacio con una izquierda que será la peor enemiga de la izquierda radical,  lo cual  se avizora con el rompimiento de López Obrador y el PRD.

El centro del país será coto de poder del PRI, exceptuando a  la Ciudad de México como espacio trampolín para un futuro gobierno de corte populista de izquierda moderada. El PAN y la ultraderecha se acabarán de posesionar del Bajío, espacio otrora cristero, defendiéndolo con la misma doble moral con que se levantó a la gente en 1926 al grito de ¡Viva Cristo Rey!, y el Norte, de donde vino la Revolución, será de una derecha inteligente que estará luchando constantemente con un PRI alerta para aprovechar los errores y las abstenciones, como lo ha venido demostrando después de que perdiera la presidencia en el año dos mil.

Y en todos los procesos, sea municipales, estatales, o federales, estará presente el narco para apoyar al mejor postor, porque todo parece indicar que la oferta no vendrá del narco sino de los aspirantes a los distintos cargos de elección popular, siendo que el narco ya domina la vida política y económica en cerca del 51 por ciento del territorio.

Pero cuidado: la oligarquía en pleno debe tener presente que, de la mano de la nueva federación, se vislumbra la muy posible emergencia de nuevos grupos políticos, que por medio de sus estructuras encabezadas  por líderes naturales  y  con la venia del narco (a manera de que “cada quien en lo suyo”), harán presencia para ir supervisando el ejercicio del poder, iniciando con patrullas de ajusticiamiento.

En cuanto a los factores externos, debemos considerar la falta de interés por la inversión extranjera en México; la imposibilidad de que las remesas económicas de nuestros migrantes en E.U. sigan llegando con la misma afluencia, debido a la actual recesión; la consolidación de China como un país que ya es el mejor exportador de maquila, en cuanto a costos más bajos y calidad no tan baja; la consolidación del Mercosur que hará que México ya no sea el país exportador para América Latina; la reducción de los precios del petróleo, considerando que México no pertenece a la OPEP y no tiene ningún apoyo  de ningún grupo de poder para ejercer presión para proteger sus precios y, finalmente, la política que Obama ha propagado en su campaña de favorecer internamente al mercado  estadounidense.

Así las cosas, debemos  tener siempre presente que México es un territorio muy grande, y que su orografía agreste, así como su hidrografía con sus ríos no navegables, permitirán que el siglo XXI tenga un aspecto político propio de la época de los cacicazgos regionales, perfectamente ejemplificados en esas atmósferas rulfianas donde no pasa nada; sin embargo, ante tantos abusos históricamente determinados, esos silencios serán espacios para los nuevos movimientos sociales que no quieren saber nada de los grupos oligárquicos. Así, en los espacios donde aparentemente no pasa nada, está pasando todo…  La crisis económica actual permitirá que el flujo de capitales del norte den paso al flujo de ideas para un cambio que apenas inicia.

 


 
   
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