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Por: Enrique Echaide García. A manera de intrducción: |
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Cabe señalar que para el seguimiento de los datos, se consultó a manera de crónica material hemerográfico, considerando que la crónica como género literario trata de evitar hacer juicios de valor. Por otro lado es necesario, a modo de aclaración y de la mano con la premisa del presente trabajo, plantear que son las características de los problemas principales del sexenio las que determinan la decisión final para que tal o cual secretario sea el candidato oficial. Esta premisa, que podemos usar como hipótesis, no quiere anteponerse a la teoría del “péndulo” que manejan algunos politólogos, como el doctor Alfonso Zárate, sino ofrecer una vertiente que pueda correlacionarse.
La teoría del “péndulo” plantea la sucesión presidencial desde la repartición del poder cada sexenio en diferentes estados o regiones del país, donde los grupos económicos locales demuestran su capacidad para apoyar la propuesta de su candidato, haciendo de esta repartición del poder un equilibrio articulado por acuerdos en el que “a cada quien le llegará su turno”.
El doctor Alfonso Zárate, en su libro Los usos del poder (editorial Raya en el agua, México 1995, p. 56), explica en la parte de su propuesta metodológica que: “El análisis de la personalidad del presidente exige considerar, también, los defectos distorsionantes del ejercicio del poder durante más de cinco años. La pompa y la circunstancia que rodean al jefe de Estado llegan a generar un efecto psicológico perturbador, y agrega algunos terminan oyendo solamente lo que quieren oír y llegan a imaginar que sus sucesor debe ser un alter ego”. Y termina diciendo: “En tal caso, tiene más posibilidades de sucederlo no el más capaz, sino el más obsecuente.”.
Más adelante, en el mismo texto el doctor Zárate explica once variables de ponderación para racionalizar el proceso de destape y entre ellas incluye “El desempeño de sus tareas, donde señala la relación laboral entre el presidente en turno y el secretario en cuestión, la obediencia y lealtad del segundo ante el primero”. Sin embargo, no señala con claridad el papel de las circunstancias que hicieron que el secretario se acercara más al presidente y que inclinaron su dedición de elegir a su sucesor, y esas circunstancias son, para el presente trabajo, el factor más influyente para el destape, con la excepción histórica de Lázaro Cárdenas para con Francisco J. Mújica, y de Fox para con Calderón, caso que trataremos al detalle más adelante.
Para concluir esta introducción es importante referirse a la figura de el tapado evocando a Don Daniel Cosío Villegas, quien decía que aquél era el marco para que el humo negro se volviera blanco, en el momento en que seguramente el Dedo consideraba que podía dar la única, última y definitiva jugada, llenando de sorpresa o ratificando lógicas de propios y extraños. A esta figura del tapado, que visualmente empezó a representar el caricaturista Abel Quezada, hay que agregar la definición que se encuentra en el diccionario de Historia y Biografía de Porrúa en su quinta edición de 1986, página 2841: “El tapado, personaje misterioso, que apareció de pronto en la capital de la Nueva España el 4 de julio de 1683, poco después de un asalto del pirata “ Lorencillo” al puerto de Veracruz. Se le suponía, porque así se ostentaba visitador, gobernador y castellano de Acapulco. Su nombre auténtico era Antonio de Benavides Márquez de San Vicente; esto último era su apellido y no título nobiliario. Fue aprendido por sospechoso y juzgado como embaucador, y el pueblo lo llamo así: “El tapado” o sea el encubierto. Su proceso, en la audiencia, se prolongó del 10 de junio de 1683, o sea 6 días después de su llegada a México, al 10 de julio del año siguiente, y fue ejecutado el 14 del propio mes y su cadáver mutilado, para exponer su cabeza en Puebla”.
1910: Y llegó la Revolución…
Porfirio Díaz fue sorprendido por la Revolución y su tapado involuntario, asignado por la oligarquía, fue el interino León de la Barra que, siendo secretario de Relaciones Exteriores, cubrió el cargo que le asignaba la constitución del 57. En el lapso de su interinato presionó a Madero para que “pacificara al país”, presión que rebasó al mismo espiritismo inocente del heredero de la casa, Madero, pues los grupos rebeldes, lejos de deponer las armas, se mantuvieron más firmes que nunca, como fue el caso de Zapata, Orozco y Francisco Villa.
Madero toma el poder el 6 de noviembre de 1911 después de un triunfo arrollador. Esta vez lo acompañaba en la vicepresidencia José María Pino Suárez, dejando así a un lado a Vásquez Gómez quien lo apoyara en su primera postulación. Quizá en la lógica de Madero, Huerta, su sucedáneo, quien por la fuerza tomará el poder en el último golpe de Estado en México (1913), hubiera sido un candidato fuerte, eficaz en apagar el fuego los rebeldes. Madero, en agradecimiento, lo pondría en la balanza del Sufragio efectivo no reelección junto con el vicepresidente Pino Suárez, pero vino el golpe y Madero supo hasta el final que su vicepresidente hubiera sido su mejor elección.
El 20 de febrero Huerta llega al poder y nombró un gabinete lleno de felicistas quienes creyeron que podrían manejarlo, pero él se adelantó haciendo cambios hasta fortalecer su poder. Huerta le tenía “mucha Ley” a su amigo Pascual Orozco y prefirió morir junto con él en territorio americano habiendo dejado el poder el 15 de julio de 1914. El vacío de poder causado por la salida cobarde del traidor Huerta dió pie a que Carranza, desde el norte del país, fungiera como presidente interino a raíz del Plan de Guadalupe del 26 de marzo de 1914 , a 3 meses 11 días antes de la renuncia de Huerta. Sin embargo la lucha entre los ejércitos campesino y pequeño burgués planteó dos alternativas de gobierno: los convencionalistas y los constitucionalistas, dando pie así a tres presidentes interinos. Eulalio Gutiérrez no necesitó de los setenta y cinco días que duró en el poder para descubrir que no podía controlar ni a Zapata ni a Villa, e incluso recurrió a la ayuda de Obregón y expidió una proclama para exigir la obediencia de los revolucionarios.
En este año de 1914 termina la estructura que el Estado mexicano había logrado desde su formación anterior, de 1854 1867, coincidiendo con Juan Felipe Leal en su obra La burguesía y el Estado mexicano
A la caída de Gutiérrez Villa postula a Enrique González Garza en una gestión que dura del 17 de enero al 9 de junio de 1915. Finalmente el 10 de junio los Zapatistas apoyan a Francisco Lagos Cházaro. Con esto no terminaron los conflictos: Los carrancistas asediaron la capital del país haciendo que Lagos Cházaro abandonara el país el 19 de octubre de 1915 de ese mismo año. El 2 de agosto, tras enfrentarse a los Zapatistas, el carrancista Pablo Gómez tomo la ciudad de México el 19 de octubre y Estados Unidos reconoció al gobierno fáctico encabezado por Carranza.
Y la Revolución se hizo Constitución.
Carranza abandonó el tren en Fortín de las Flores, Veracruz, y el oro se lo dejó a su yerno, el general Cándido Aguilar, quien desde hacía años controlaba la zona. Carranza siguió a caballo hasta Tlaxcalaltongo para morir asesinado el 21 de mayo de ese 1920. Cabe agregar que Cándido Aguilar no logró heredar su fortuna a ninguno de sus hijos varones, pues los cuatro murieron en forma trágica; pero el que se puso listo para quedarse con esa inmensa fortuna fue su contador, Antonio Ruiz Galindo, parte de la cual invirtió para apoyar la candidatura al gobierno de Veracruz del joven licenciado Miguel Alemán Valdés, quien tan pronto asumió la presidencia en 1946, recompensó a Ruiz Galindo designándolo su secretario de economía, con la prebenda de ser el único en el negocio de asbesto para toda America Latina, y el único también en fabricar y vender al gobierno todos los muebles de oficina a través su empresa DM Nacional.
Obregón tomó el poder el 1 de diciembre de 1920, 6 meses después del interinato de Adolfo de la Huerta, logrando el reconocimiento de Estados Unidos hasta el 31 de agosto de 1923. Termina su cuatrienio y en 1924 logra el dedazo para Calles. Ambos estaban contentos: habían barrido con sus opositores de balazo natural, como también lo haría Obregón con el sufragio efectivo no reelección, cuando en 1926, apoyado por el Senado, logra la reforma a los Artículos 82 y 83 Constitucionales para legitimar su permanencia; pero la muerte lo esperaba el 17 de julio de 1927 a manos de León Toral, un fanático religioso, a cuyo disparo le siguió una balacera de tal magnitud que llegaron a la Bombilla las 16 ambulancias existentes en la cuidad para recoger comensales, meseros, reporteros y, de paso, a un Obregón que en su cuerpo guardaba balas de tres calibres diferentes, dato de la autopsia que Calles mantuvo en silencio.
Calles retoma el poder el 1 de septiembre de 1928 con el firme propósito de crear un nuevo estado que surge de un partido de Estado, caso sui generis en la vida política del mundo. Don Pablo González Casanova, en su libro La democracia en México, distingue al régimen mexicano de los tipos corrientes en la literatura política occidental, realizando el análisis de todas las instituciones implantadas en México según el modelo de gobierno de la teoría política euroamericana para revelar que hay un partido preponderante, dependiente y auxiliar del propio estado; que el movimiento obrero se encuentra en condiciones de dependencia; que el congreso es controlado por el presidente, los estados lo son por la federación y los municipios por los estados y la federación misma. En resumen, no se da de facto el modelo de los tres poderes, ni el sistema de los contrapesos y balanzas; tampoco el gobierno local de los vecinos electores (ideas todas filósofos y legisladores del siglo XVIII y principios del XIX) sino una concentración de poder, a) en el gobierno, b) en el gobierno de centro, c) en el ejecutivo y d) en el presidente.
Calles logró para 1929 tres cosas: 1) El reconocimiento de Estados Unidos, con los acuerdos de Bucareli, donde modificaba el Articulo 27 favoreciendo el saqueo del petróleo. 2) El fin de la Guerra Cristera con el feliz apoyo de la aviación norteamericana ante las nuevas prebendas. 3) La expulsión del país de José Vasconcelos, quien amenazó la estructura del nuevo poder debido a la posible unión de su campaña política con los grupos Cristeros.
De este modo Calles toma el poder por un periodo de diez años conocido como el Maximato, al ser él mismo el “jefe máximo” de la Revolución Mexicana que “quita y pone” a cuatro figuras: Portes Gil, Pascual Ortíz Rubio (usado por Calles para enfrentarlo en las elecciones contra Vasconcelos) y Abelardo L. Rodríguez. Al final designa a Lázaro Cárdenas como candidato ideal, de la mano con el Plan Sexenal surgido de la Segunda Convención Nacional del PNR. La convención señalaba que el Estado debía regular las actividades económicas y laborales tal y como suscribía la Constitución de 1917, recuperando todas las propuestas constitucionales que desde 1917 habían quedado olvidadas, y que Lázaro Cárdenas había puesto en práctica como gobernador de Michoacán. Esta acción lo perfilaba como el candidato ideal para “el nuevo proyecto de nación”. La deuda que le debía Calles por la batalla de Agua Prieta quedaba saldada diecinueve años después. Hasta aquí la primera parte de este ensayo. En la segunda abordaremos el periodo de 1940 a 2006, tratando de ratificar que las circunstancias de los mandatos definen la decisión de la sucesión presidencial.